sábado, 22 de marzo de 2014

“De Duarte”

¡Se abre el telón!

Un pueblo a merced
De despiadados tiranos
Forjó su libertad
Con sangre en las manos.

Por jóvenes osados,
Cuan buenos hermanos,
Con trabucazo al cielo
El inicio de la guerra quedó marcado.

En tiempos de fuego, armas y sangre
La esperanza y valentía
Fueron más notables.

Por la iniciativa de un hombre audaz
Y la osadía de un pueblo tenaz
Se desenlazó una batalla
Para nuestra tierra poder liberar.

Un ser especial,
Un joven afable,
En tono de orgullo:
¡Juan Pablo Duarte!
Hombre de honor
Y humilde ciudadano,
Entregó todo por
La libertad de sus hermanos.

¡Ser libre o morir!
¡Ser libre o morir!
Romper los grilletes
De sumiso servil.

Con el color carmesí
De la sangre quisqueyana
Se mancharon las calles
De nuestra amada República Dominicana.
Y dieron al traste
Con la dominación haitiana.

¡Se cierra el telón!

- Ángela Leonardo

jueves, 20 de marzo de 2014

Mi opinión sobre: Las obras de teatro.-

Realmente todavía no le he encontrado la magia a las obras. He intentado leer una que otra obra sin dormirme, exasperarme, aburrirme o deprimirme de lo mal que lo paso.

A todo el mundo les gustan las obras ¿Por qué a mi no? ¿Por qué si entiendo un guión no comprendo una obra? ¿Por qué los personajes me confunden? ¿Por qué todos los diálogos de las distintas obras que he leído me parecen tontos? ¿Por qué no llego a comprender las acciones que toman los personajes?

La ultima obra que terminé fue una tragedia que me prestó una amiga, pero no termine la obra llorando y con el ceño fruncido por que me pareció penoso lo que le pasó a los personajes principales, sino con un rostro de sufrimiento incomparable, porque sentí que había perdido un tiempo precioso. No necesariamente todas las obras yo las considere malas, posiblemente en un futuro muy lejano encuentre una obra la cual ame y me maraville de ella. Pero todavía, al parecer, estoy negada con tan preciado arte admirado por otras personas. Yo he leído obras de teatro, como Bodas de Sangre o Romeo y Julieta, pero... ¿les soy sincera? no me gustaron.
He pasado por mucho: Poesía épica, superación personal, novelas, poesía, cuentos infantiles, cuentos, crónicas, libros de estudio ¡Y todo me encantó! Pero como que ellas no pasan.

He podido dramatizarlas claro está, pero no me gusta leerlas (tampoco dramatizarlas, pero eso no viene al caso) por que considero que el teatro, aunque tenga MUCHOS contenidos que son de admirar, con hermosos mensajes, también es un espacio de la sobre actuación y los mensajes vanos, sí sí, así como la televisión.

¿Creen que podrían recomendarme una obra de teatro que no llegue a odiar?

viernes, 14 de marzo de 2014

Aprendiendo código morse / .- .--. .-. . -. -.. .. . -. -.. --- / -.-. --- -.. .. --. --- / -- --- .-. ... . /

¡Holis! *Saludo princesístico*

Bueno, mi profesor de inf. nos mandó a investigar sobre la clave morse, y es completamente (Perdón por la mexicaneada) ¡UN DESMADRE! Mi profesor de informática es una persona que te podría enseñar muchisimas cosas geniales muy fuera de el tema, pero de alguna manera u otra relacionada a la materia.

Estaba viendo la historia y todo eso, y realmente es encantador, una genialidad. Es super dificil descifrarlo si nunca habías tratado con ello (como me sucedió a mí) pero es realmente divertido dar mensajes en clave morse a las personas y que no entiendan nada *risita atrevida*.

Lo que no se practica, se olvida. Así que aquí les traigo una pequeña práctica en clave morse, solo tienen que buscar el abecedario en código morse.

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Se ve complicado ¿no? Bueno, pues... lo es.


Pero es asombroso, lo puedes usar para enviarle mensajes a tus amigas o amigos y que todos se queden muy "¿WAFOO?"

Espero que todo comentario que me dejen lo dejen en clave morse en este post *Sonrisita*

Nos leemos a la próxima.

martes, 11 de marzo de 2014

RDLS: Sé un adolescente feliz - Andrew Matthews

Sé un adolescente feliz. ¿Qué les puedo decir acerca de este libro? Bueno, que es maravilloso, hermoso, directo, claro, conciso, necesario y un tanto de cosas positivas.

Es un libro que podría sonar cliché por la mala elección de titulo e imagen, pero así de directo como está el titulo, así de directo te explican las soluciones a tus problemas adolescentes.
La mayoría de esas cosas sin darme cuenta las había aplicado anteriormente a mi vida, y es completamente cierto que serás feliz.

La manera que Andrew Matthews utilizó para explicar las técnicas apropiadas y las razones precisas es tan hilarante y agradable que no te vas a querer despegar de el libro. Te ayuda en cosas como la auto-estima, la amistad, la enemistad, los padres, la vida en la escuela y muchas otras cosas que son importantes en estos momentos tan complicados de la adolescencia. Es difícil creer que tú mismo no te entiendes y otra persona que ni te conoce te va a comprender, pero, créeme, este es el caso de Matthews.
Es un libro que te enseña a identificar los problemas típicos de la adolescencia y como enfrentarlos de la manera más positiva posible.
Realmente, cuando me mostraron el libro, JÚRENLO que tenía cara de "¿Se me ve cara de que no soy feliz?" o "¿Qué onda we? ¿Crees que me voy a leer eso?" pero, leí dos lineas y ya no quería terminarlo nunca pero no podía parar de leer. Yo realmente no leo libros ilustrados, pero este es un libro de auto-ayuda que se merece la excepción.



Estas son mis frases favoritas del libro.

Adiós, ¡espero que me lean y leerlos próximamente!


Intentando volver...

Oh, Dios mio chicos... tenía tanto tiempo que no les escribía que ya me sentía extraña, y siempre pensando "Desde que acabe esto...", "Desde que tenga esto...", "Desde que acabe lo otro" y nunca encontraba un momento perfecto; pero ahora vengo a informarle de los avances de la vida.

Tengo desde EL AÑO PASADO que no les digo nada (A excepción de ayer), y me siento bastante culpable, pero todo tiene que ver con que ¡Este año a comenzado muy emocionante!
En República Dominicana, como posiblemente ya ustedes sabrán, en vez de navidad, el día que se celebra para darle regalos a los niños son los Reyes Magos, por lo tanto el 6 de enero era el día en el que te levantabas temprano y ves que te dejaron tus padres... DIGO, emmmhh, los reyes magos.
Cuando me desperté miré a los lados y no vi nada, pero cuando miro hacia abajo veo un cuadro envuelto en papel de regalo (Que se veía desde lejos que era un libro) y unos 200$, estaba completamente emocionada por saber que libro era, en serio.
Cuando tome el valor de abrirlo para saber que libro era (Que conste, le había dado una lista de los libros que quería a mis padres) me encontré con que era el libro que más me esperaba de mis padres, pero que menos realmente quería. Era un libro de auto-ayuda que no he leído aún.
Luego de eso sucedieron tantas cosas que sería incluso complicado detallar uno solo de los días.
Me compraron El Diario De Ana Frank y Orgullo y prejuicio.
Mi hermana cumplió años (9-enero).
Mi mamá cumplió años (24-enero).
Me prestaron un libro llamado Sé un adolescente feliz el cual es realmente maravilloso. (Enero)
Fui por primera vez al taller de los derechos humanos en la BIJRD y ocurrieron cosas súper extremas, aventureras e inolvidables; les contaré la historia luego. (8 de febrero)
Me inscribí en el Modelo Interno de las Naciones Unidas del Politécnico Juan Bosch (MINUPOJUB) y pasé... ahora esperemos a la distrital. *Sonrisita coqueta* (13 febrero)
Conocí personas realmente asombrosas. *Guiño* ♫ Lalalalala ♫ (Desde comienzo de curso)
Asistí a un taller de los derechos humanos en la Biblioteca Infantil y Juvenil de la República Dominicana y no pude asistir el último día porque mis padres estaban de 23º aniversario, ¿y sabes que hice? Me compré ropa, toda la que necesitaba. Nah, mentira, no tengo dinero para ropa, y el que tengo lo gasto en libros. (22 de febrero)
Mi gran amiga Greisy cumplió un año más de vida ese mismo día (22 de febrero)
Terminé uno que otro libro.
Me inscribí en un concurso de ortografía (Mañana, 12 de marzo)
Me inscribí en un concurso de literatura (Indefinido)
Me inscribí otra vez en el concurso "¿Qué estás leyendo?"
Mi profesora de sociales ha estado obsesionada con que mis compañeras delegadas y yo nos paremos a explicar en frente de todo el politécnico a la hora de entrada acerca de cada día patrio. (25 de febrero, 26 de febrero sobre el 27, 7 de marzo sobre el 9, y próximamente sobre la batalla de el 19 de marzo y la del 30)
Hablemos de los que los jóvenes queremos es un proyecto que se va a implementar en mi politécnico para que los jóvenes den su opinión sobre algunos temas de relevancia mundial, interna o nacional. Con el propósito de que estos hagan escuchar sus ideas. Se va a hacer por parte de mesas redondas y se hará un documento que será leído en la segunda reunión. (13 de marzo, 19 de marzo)
Va a haber un debate en mi politécnico acerca de la "Legalización de el matrimonio homosexual en la República Dominicana", somos 6, estamos en grupo de tres, los que están en contra y los que están a favor, y claro, no puede faltar, va a haber un público al que tendremos que convencer sobre nuestra opinión. (28 de marzo)
Lo siento por darles mi agenda *Rostro sonrojado* pero todo eso se los digo solo para culminar con que en todo ese tiempo, no he podido terminar Orgullo y prejuicio.

Espero verlos mañana si logro sobrevivir. ñ.ñ

lunes, 10 de marzo de 2014

Solo comento...

Chicos, chicas; damas, caballeros; señores, señoras; ¡Buena mañana!

Tengo desde EL AÑO PASADO que no paso por aquí, y ya hasta me sentía culpable. Es que desde empezó este año es un puro ajetreo, de aquí para allá y de allá para acá. Los reyes magos me trajeron un libro de superación personas MUY bueno y solo he podido leer dos capítulos al azar. Un día después de el día de reyes, mi mamá nos llevó a tres de sus cuatro hijitos a comprar algunas cosas para la casa y ahí me aproveché yo y la hice comprarme dos libros nuevos. Y, ¿cuáles son esos? Los dos maravillosos libros de:
- El diario de Ana Frank
y
- Orgullo y prejuicio.

Cuando empezó el año todo era bien tranquilo, pero entonces, como la buena Angela que soy, comencé a meterme en problemas. *Risita nerviosa* Problemas como concursos, actividades escolares, Modelos De Las Naciones Unidas, proyectos, movimientos y todo lo que tiene que ver con ir a la biblioteca del politécnico en horas de clases a molestar a la bibliotecaria... tranquilos, Mercedes me ama *Guiño*.

¿Ya les dije que tengo un proyecto/movimiento? Pues se los vuelvo a repetir, tengo un movimiento para reducir los daños de la humanidad en el mundo, y de las personas a sí mismas. Se llama United For a Change y fue pensado por una de mis mejores amigas. Ahora tenemos la colaboración de todos los profesores, la aprobación del director y la ayuda de un montón de estudiantes que quieren participar en esta maravilla. Ahora mismo estamos trabajando El cambio climático.

Les vengo con más cuando vuelva del politécnico *BESOS*

sábado, 21 de diciembre de 2013

¡Buenas noticias! Concurso "¿Qué estás leyendo?" OEI

¡Saludos señoritas y señoritos, damas y damos, caballeros y caballeras, chicas y chicos (Ese sí)!

Les informo que estoy CONTENTA:

Todos... menos el tercero *risa nerviosa*.

Lo que sucede es que en el concurso "¿Qué estás leyendo?" fui la primera finalista, ¡PRIMERA FINALISTA! Ok, no es ganar, pero es, de cualquier manera, maravilloso.
Yo soy la bizca que siempre sale mal en todas las fotos... Sí, sí, la de tu derecha.
La de en medio es Ana Alejandra, ella ganó el primer lugar con su maravilloso blog Construye un mundo de papel.
Y la de tu izquierda es Amanda Lajara. Ganó el tercer lugar, es decir que es la segunda finalista con su blog Más que un simple libro (AWESOME).

Algunos se preguntarán "¿Qué es ese concurso del que nos hablas?". Pues queridos lectores, les comento que ese concurso fue una de las razones (Y la más influyente) por lo cual yo creé este blog y una de las cosas que me ha motivado a leer y comentar lo que leo. ¿Qué estás leyendo? es un concurso de blogs para jovenes lectores de 12 a 15 años que quieran difundir la lectura por medio de la tecnología más asequible, así como propinar información sobre libros y su opinión acerca estos. Es un concurso de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) en el cual participan más de 20 países de Iberoamérica y más de 900 jovenes ¿Puedes creerlo?

El día de la premiación fue el 19 de diciembre y fue una pequeña y breve reunión, pero fue maravilloso. *-*

Próximamente publicaré fotos, cuales fueron los premios, qué pasó ese día y cualquier cosa que ustedes me pregunten. ¡FELIZ NAVIDAD!

lunes, 9 de diciembre de 2013

Dos pesos de agua - Juan Bosch.-

Leí este cuento el fin de semana pasado en la casa de una amiga y me encantó, así que para el que no lo ha leído, les dejaré el cuento Dos pesos de agua del ilustre escritor dominicano Juan Bosch

DOS PESOS DE AGUA:


La vieja Remigia sujeta el aparejo, alza la pequeña cara y dice:

-Dele ese rial fuerte a las ánimas pa que llueva, Felipa.

Felipa fuma y calla. Al cabo de tanto oír lamentar la sequía levanta los ojos y recorre el cielo con ellos. Claro, amplio y alto, el cielo se muestra sin una mancha. Es de una limpieza desesperante.

-Y no se ve nadita de nubes -comenta.

Baja entonces la mirada. Los terrenos pardos se agrietan a la distancia. Allá, al pie de la loma, un bohío. La gente que vive en él, y en los otros, y en los más remotos, estará pensando como ella y como la vieja Remigia. ¡Nada de lluvia en una sarta bien larga de meses! Los hombres prenden fuego a los pinos de las lomas; el resplandor de los candelazos chamusca las escasas hojas de los maizales; algunas chispas vuelan como pájaros, dejando estelas luminosas, caen y florecen en incendios enormes: todo para que ascienda el humo a los cielos, para que llueva... Y nada. Nada.

-Nos vamos a acabar, Remigia -dice.

La vieja comenta:

-Pa lo que nos falta.

La sequía había empezado matando la primera cosecha; cuando se hubo hecho larga y le sacó todo el jugo a la tierra, les cayó encima a los arroyos; poco a poco los cauces le fueron quedando anchos al agua, las piedras surgieron cubiertas de lama y los pececillos emigraron corriente abajo. Infinidad de caños acabaron por agotarse, otros por tornarse lagunas, otros lodazales.

Sedientos y desesperados, muchos hombres abandonaron los conucos, aparejaron caballos y se fueron con las familias en busca de lugares menos áridos.

La vieja Remigia se resistía a salir. Algún día caería el agua; alguna tarde se cargaría el cielo de nubes; alguna noche rompería el canto del aguacero sobre el ardido techo de yaguas. Algún día...

***

Desde que se quedó con el nieto, después que se llevaron al hijo en una parihuela, la vieja Remigia se hizo huraña y guardadora. Pieza a pieza fue juntando sus centavos en una higera con ceniza. Los centavos eran de cobre. Trabajaba en el conuquito, detrás de la casa, sembrando maíz y frijoles. El maíz lo usaba en engordar los pollos y los cerdos; los frijoles servían para la comida. Cada dos o tres meses reunía los pollos más gordos y se iba a venderlos. Cuando veía un cerdo mantecoso, lo mataba; ella misma detallaba la carne y de las capas extraía la grasa; con ésta y con los chicharrones se iba también al pueblo. Cerraba el bohío, le encarbaba a un vecino que le cuidara lo suyo, montaba el nieto en el potro bayo y lo seguía a pie. En la noche estaba de vuelta.

Iba tejiendo su vida así, con el nieto colgado en el corazón.

-Pa ti trabajo, muchacho -le decía-. No quiero que pases calores, ni que te vayas a malograr, como tu taita.

El niño la miraba. Nunca se le oía hablar, y aunque apenas alzaba una vara del suelo, madrugaba con su machete bajo el brazo y el sol le salía sobre la espalda, limpiando el conuco.

La vieja Remigia tenía sus esperanzas. Veía crecer el maíz, veía florecer los frijoles; oía el gruñido de sus puercos en la pocilga cercana; contaba las gallinas al anochecer, cuando subían a los palos. Entre días descolgaba la higera y sacaba los cobres. Había muchos, llegó también a haber monedas de plata de todos tamaños.

Con un temblor de novia en la mano, Remigia acariciaba su dinero y soñaba. Veía al muchacho en tiempo de casarse, bien montado en brioso caballo alazano, o se lo figuraba tras un mostrador, despachando botellas de ron, varas de lienzo, libras de azúcar. Sonreía, tornaba a guardar su dinero, guindaba la higera y se acercaba al nieto, que dormía tranquilo.

Todo iba bien, bien. Pero sin saberse cuándo ni cómo se presentó aquella sequía. Pasó un mes sin llover, pasaron dos, pasaron tres. Los hombres que cruzaban por delante de su bohío la saludaban diciendo:

-Tiempo bravo, Remigia.

Ella aprobaba en silencio. Acaso comentaba:

-Prendiendo velas a las ánimas pasa esto.

Pero no llovía. Se consumieron muchas velas y se consumió también el maíz en sus tallos. Se oían crujir los palos; se veían enflaquecer los caños de agua; en la pocilga empezó a endurecerse la tierra. A veces se cargaba el cielo de nubes; allá arriba se apelotonaban manchas grises; bajaban de las lomas vientos húmedos, que alzaban montones de polvo...

-Esta noche sí llueve, Remigia -aseguraban los hombres que cruzaban.

-¡Por fin! Va a ser hoy -decía una mujer.

-Ya está casi cayendo -confiaba un negro.

La vieja Remigia se acostaba y rezaba: ofrecía más velas a las ánimas y esperaba. A veces le parecía sentir el roncar de la lluvia que descendía de las altas lomas. Se dormía esperanzada; pero el cielo amanecía limpio como ropa de matrimonio.

Comenzó la desesperación. La gente estaba ya transida y la propia tierra quemaba como si despidiera llamas. Todos los arroyos cercanos habían desaparecido; toda la vegetación de las lomas había sido quemada. No se conseguía comida para los cerdos; los asnos se alejaban en busca de mayas; las reses se perdían en los recodos, lamiendo raíces de árboles; los muchachos iban a distancias de medio día a buscar latas de agua; las gallinas se perdían en los montes, en procura de insectos y semillas.

-Se acaba esto, Remigia. Se acaba -lamentaban las viejas.

Un día, con la fresca del amanecer, pasó Rosendo con la mujer, los dos hijos, la vaca, el perro y un mulo flaco cargado de trastos.

-Yo no aguanto, Remigia; a este lugar le han hecho mal de ojo.

Remigia entró en el bohío, buscó dos monedas de cobre y volvió.

-Tenga; préndamele esto de velas a las ánimas en mi nombre -recomendó.

Rosendo cogió los cobres, los miró, alzó la cabeza y se cansó de ver cielo azul.

-Cuando quiera, váyase a Tavera. Nosotros vamos a parar un rancho allá, y dende agora es suyo.

-Yo me quedo, Rosendo. Esto no puede durar.

Rosendo volvió el rostro. Su mujer y sus hijos se perdían ya en la distancia. El sol parecía incendiar las lomas remotas.

***

El muchacho se había puesto tan oscuro como un negro. Un día se le acercó:

-Mamá, uno de los puerquitos parece muerto.

Remigia se fue a la pocilga. Anhelantes, resecas las trompas, flacos como alambres, los cerdos gruñían y chillaban. Estaban apelotonados, y cuando Remigia los espantó vio restos de un animal. Comprendió: el muerto había alimentado a los vivos. Entonces decidió ir ella misma en busca de agua para que sus animales resistieran.

Echaba por delante el potro bayo; salía de madrugada y retornaba a medio día. Incansable, tenaz, silenciosa, Remigia se mantenía sin una queja. Ya sentía menos peso en la higuera; pero había que seguir sacrificando algo para que las ánimas tuvieran piedad. El camino hasta el arroyo más cercano era largo; ella lo hacía a pie, para no cansar la bestia. El potro bayo tenía las ancas cortantes, el pescuezo flaco, y a veces se le oían chocar los huesos.

El éxodo seguía. Cada día se cerraba un nuevo bohío. Ya la tierra parda se resquebrajaba; ya sólo los espinosos cambronales se sostenían verdes. En cada viaje el agua del arroyo era más escasa. A la semana había tanto lodo como agua; a las dos semanas el cauce era como un viejo camino pedregoso, donde refulgía el sol. La bestia, desesperada, buscaba donde ramonear y batía el rabo para espantar las moscas.

Remigia no había perdido la fe. Esperaba las señales de lluvia en el alto cielo.

-¡Ánimas del Purgatorio! -clamaba de rodillas-. ¡Ánimas del Purgatorio! ¡Nos vamos a morir achicharrados si ustedes no nos ayudan!

Días más tarde el potro bayo amaneció tristón e incapaz de levantarse; esa misma tarde el nieto se tendió en el catre, ardiendo en fiebre. Remigia se echó afuera. Anduvo y anduvo, llamando en los distantes bohíos, levantando los espíritus.

-Vamos a hacerle un rosario a San Isidro -decía.

-Vamos a hacerle un rosario a San Isidro -repetía.

Salieron una madrugada de domingo. Ella llevaba el niño en brazos. La cabeza del muchacho, cargada de calenturas, pendía como un bulto del hombro de su abuela. Quince o veinte mujeres, hombres y niños desharrapados, curtidos por el sol, entonaban cánticos tristes, recorriendo los pelados caminos. Llevaban una imagen de la Altagracia; le encendían velas; se arrodillaban y elevaban ruegos a Dios. Un viejo flaco, barbudo, de ojos ardientes y acerados, con el pecho desnudo, iba delante golpeándose el esternón con la mano descarnada, mirando a lo alto y clamando:

¡San Isidro Labrador!
¡San Isidro Labrador!
Trae el agua y quita el sol,
¡San Isidro Labrador!

Sonaba ronca la voz del viejo. Detrás, las mujeres plañían y alzaban los brazos.

***

Ya se habían ido todos. Pasó Rosendo, pasó Toribio con una hija medio loca; pasó Felipe; pasaron unos y otros. Ella les dio a todos para las velas. Pasaron los últimos, una gente a quienes no conocía; llevaban un viejo enfermo y no podían con su tristeza; ella les dio para las velas.

Se podía tender la vista sin tropiezos y ver desde la puerta del bohío el calcinado paisaje con las lomas peladas al final; se podían ver los cauces secos de los arroyos.

Ya nadie esperaba lluvia. Antes de irse los viejos juraban que Dios había castigado el lugar y los jóvenes que tenía mal de ojo.

Remigia esperaba. Recogía escasas gotas de agua. Sabía que había que empezar de nuevo, porque ya casi nada quedaba en la higuera, y el conuco estaba pelado como un camino real. Polvo y sol; sol y polvo. La maldición de Dios, por la maldad de los hombres, se había realizado allí; pero la maldición de Dios no podía acabar con la fe de Remigia.

***

En su rincón del Purgatorio, las ánimas, metidas de cintura abajo entre las llamas voraces, repasaban cuentas. Vivían consumidas por el fuego, purificándose; y, como burla sangrienta, tenían potestad para desatar la lluvia y llevar el agua a la tierra. Una de ellas, barbuda, dijo:

-¡Caramba! ¡La vieja Remigia, de Paso Hondo, ha quemado ya dos pesos de velas pidiendo agua!

Las compañeras saltaron vociferando:

-¡Dos pesos, dos pesos!

Alguna preguntó:

-¿Por qué no se le ha atendido, como es costumbre?

-¡Hay que atenderla! -rugió una de ojos impetuosos.

-¡Hay que atenderla! -gritaron las otras.

Se corría la voz, se repetían el mandato:

-¡Hay que mandar agua a Paso Hondo! ¡Dos pesos de agua!

-¡Dos pesos de agua a Paso Hondo!

-¡Dos pesos de agua a Paso Hondo!

Todas estaban impresionadas, casi fuera de sí, porque nunca llegó una entrega de agua a tal cantidad; ni siquiera a la mitad, ni aun a la tercera parte. Servían una noche de lluvia por dos centavos de velas, y cierta vez enviaron un diluvio entero por veinte centavos.

-¡Dos pesos de agua a Paso Hondo! -rugían.

Y todas las ánimas del Purgatorio se escandalizaban pensando en el agua que había que derramar por tanto dinero, mientras ellas ardían metidas en el fuego eterno, esperando que la suprema gracia de Dios las llamara a su lado.

***

Abajo, en Paso Hondo, se nubló el cielo. Muy de mañana Remigia miró hacia oriente y vio una nube negra y fina, tan negra como una cinta de luto y tan fina como la rabiza de un fuete. Una hora después inmensas lomas de nubes grises se apelotonaron, empujándose, avanzando, ascendiendo. Dos horas más tarde estaba oscuro como si fuera de noche.

Llena de miedo, con el temor de que se deshiciera tanta ventura, Remigia callaba y miraba. El nieto seguía en el catre, calenturiento. Estaba flaco, igual que un sonajero de huesos. Los ojos parecían salirle de cuevas.

Arriba estalló un trueno. Remigia corrió a la puerta. Avanzando como caballería rabiosa, un frente de lluvia venía de las lomas sobre el bohío. Ella sonrió de manera inconsciente; se sujetó las mejillas, abrió desmesuradamente los ojos. ¡Ya estaba lloviendo!

Rauda, pesada, cantando broncas canciones, la lluvia llegó hasta el camino real, resonó en el techo de yaguas, saltó el bohío, empezó a caer en el conuco. Sintiéndose arder, Remigia corrió a la puerta del patio y vio descender, apretados, los hilos gruesos del agua; vio la tierra adormecerse y despedir un vaho espeso. Se tiró afuera, rabiosa.

-¡Yo sabía, yo lo sabía, yo lo sabía! -gritaba a voz en cuello.
 
— ¡Lloviendo, lloviendo! —clamaba con los brazos tendidos hacia el cielo—. ¡Yo lo sabía!

De pronto penetró en la casa, tomó al niño, lo apretó contra su pecho, lo alzó, lo mostró a la lluvia.
 
— ¡Bebe, muchacho; bebe, hijo mío! ¡Mira agua, mira agua!

Y sacudía al nieto, lo estrujaba; parecía querer meterle dentro el espíritu fresco y disperso del agua.

***

Mientras afuera bramaba el temporal, soñaba adentro Remigia.
 
— Ahora —se decía—, en cuanto la tierra se ablande, siembro batata, arroz tresmesino, frijoles y maíz. Todavía me quedan unos cuartitos con que comprar semillas. El muchacho se va a sanar. ¡Lástima que la gente se haya ido! Quisiera verle la cara a Toribio, a ver qué pensaría de este aguacero. Tantas rogaciones, y sólo me van a aprovechar a mí. Quizá vengan agora, cuando sepan que ya pasó el mal de ojo.

El nieto dormía tranquilo. En Paso Hondo, por los secos cauces de los arroyos y los ríos, empezaba a rodar agua sucia; todavía era escasa y se estancaba en las piedras. De las lomas bajaba roja, cargada de barro; de los cielos descendía pesada y rauda. El techo de yaguas se desmigajaba con los golpes múltiples del aguacero. Remigia se adormecía y veía su conuco lleno de plantas verdes, lozanas, batidas por la brisa fresca; veía los rincones llenos de dorado maíz, de arroz, frijoles, de batatas henchidas. El sueño le tornaba pesada la cabeza.

Y afuera seguía bramando la lluvia incansable.

***

Pasó una semana; pasaron diez días, quince... Zumbaba el aguacero sin una hora de tregua. Se acabaron el arroz y la manteca; se acabó la sal. Bajo el agua tomó Remigia el camino de Las Cruces para comprar comida. Salió de mañana y retornó a media noche. Los ríos, los caños de agua y hasta las lagunas se adueñaban del mundo, borraban los caminos, se metían lentamente entre los conucos. Una tarde pasó un hombre. Montaba mulo pesado.
 
— ¡Ey, don! —llamó Remigia.

El hombre metió la cabeza del animal por la puerta.
 
— Bájese pa que se caliente —invitó ella.

La montura se quedó a la intemperie.
 
— El cielo se ta cayendo en agua —explicó él al rato. —Yo como usté dejaba este sitio tan bajito y me diba pa las lomas.
 
— ¿Yo dirme? No, hijo. Horita pasa este tiempo.
 
— Vea —se extendió el visitante—, esto es una niega. Yo las he visto tremendas, con el agua llevándose animales, bohíos, matas y gente. Horita se crecen todos los caños que yo he dejado atrás, contimás que ta lloviéndoles duro en las cabezadas.
 
— Jum… Peor que esto fue la seca, don. Todo el mundo le salió huyendo, y yo la aguanté.
 
— La seca no mata, pero el agua ahoga, doña. Todo eso —y señaló lo que él había dejado a la puerta— ta anegado. Como tres horas tuve esta mañana sin salir de un agua que me le daba en la barriga al mulo.

El hombre hablaba con voz pausada, y sus ojos grises, atemorizados, vigilaban el incesante caer de la lluvia.

Al anochecer se fue. Mucho le rogó Remigia que no cogiera el camino con la oscuridad.
 
— Dispué es peor, doña. Van esos ríos y se botan...

Remigia se fue a atender al nieto, que se quejaba débilmente.

***

Tuvo razón el hombre. ¡Qué noche, Dios! Se oía un rugir sordo e inquietante; se oían retumbar los truenos; penetraban los reflejos de los relámpagos por las múltiples rendijas.

El agua sucia entró por los quicios y empezó a esparcirse en el suelo. Bravo era el viento en la distancia, y a ratos parecía arrancar árboles. Remigia abrió la puerta. Un relámpago lejano alumbró el sitio de Paso Hondo. ¡Agua y agua! Agua aquí, allá, más lejos, entre los troncos escasos, en los lugares pelados. Debía descender de las lomas y en el camino real se formaba un río torrentoso.
 
— ¿Será una niega? — se preguntó Remigia, dudando por vez primera.

Pero cerró la puerta y entró. Ella tenía fe; una fe inagotable, más que lo que había sido la sequía, más que lo sería la lluvia. Por dentro, su bohío estaba tan mojado como por fuera. El muchacho se encogía en el catre, rehuyendo las goteras.

A medianoche la despertó un golpe en una esquina de la vivienda. Se fue a levantar, pero sintió agua hasta casi las rodillas. Bramaba afuera el viento. El agua batía contra los setos del bohío.

¡Ay de la noche horrible, de la noche anegada! Venía el agua en golpes; venía y todo lo cundía, todo lo ahogaba. Restalló otro relámpago, y el trueno desgajó pedazos de oscuro cielo.

Remigia sintió miedo.
 
— ¡Virgen Santísima! — clamó.—  ¡Virgen Santísima, ayúdame!

Pero no era negocio de la Virgen, ni de Dios, sino de las ánimas, que allá arriba gritaban:
 
— ¡Ya va medio peso de agua! ¡Ya va medio peso!

***

Cuando sintió el bohío torcerse por los torrentes, Remigia desistió de esperar y levantó al nieto. Se lo pegó al pecho; lo apretó, febril; luchó con el agua que le impedía caminar; empujó, como pudo, la puerta y se echó afuera. A la cintura llevaba el agua; y caminaba, caminaba. No sabía adónde iba. El terrible viento le destrenzaba el cabello, los relámpagos verdeaban en la distancia. El agua crecía, crecía. Levantó más al nieto. Después tropezó y tornó a pararse. Seguía sujetando al niño y gritando:
 
— ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!

Se llevaba el viento su voz y la esparcía sobre la gran llanura líquida.
 
— ¡Virgen Santísima, Virgen Santísima!

Su falda flotaba. Ella rodaba, rodaba. Sintió que algo le sujetaba el cabello, que le amarraban la cabeza. Pensó:
 
— En cuanto esto pase siembro batata.

Veía el maíz metido bajo el agua sucia. Hincaba las uñas en el pecho del nieto.
 
— ¡Virgen Santísima!

Seguía ululando el viento, y el trueno rompía los cielos. Se le quedó el cabello enredado en un tronco espinoso. El agua corría hacia abajo, hacia abajo, arrastrando bohíos y troncos. Las ánimas gritaban, enloquecidas:
 
— ¡Todavía falta; todavía falta! ¡Son dos pesos, dos pesos de agua! ¡Son dos pesos de agua!
"La lectura es lo mismo para la mente, que el ejercicio para el cuerpo"