— Nattaleah, aquí estás.
Recostada sobre la manta que situé en medio del rosal que
está cerca de la cascada, abro los ojos un poco para ver una silueta
masculina... muy pero muy masculina, WOW QUE MASCULINA.
— ¿Pherdinand?
— No, Nattaleah, no soy tu hermano, soy el hombre del cual te
enamoraste hace años.
Abro los ojos completamente y esa figura oscura termina
de iluminarse. Demonios sí, realmente podría creer que me enamoré de este
hombre. Guapo, sexy, lindo, guapo, hermoso, guapo. Con unas facciones de ángel.
El único problema es que nunca he visto a este hombre antes, NUNCA ¿Quién rayos
es?
Este hombre, quién todavía no me ha dicho su nombre, se puso
en cuclillas a mi lado y me miro con unos ojos que sólo reflejaban dolor. Pero
ni el rostro afligido ni el ceño fruncido le quita la belleza a este chico.
Creo que estoy babeando y sonriendo como idiota.
Espera.
¿Dijo que YO me enamoré? ¿YO?
Con el ceño fruncido y la cara molesta me toca ahora a mi
hablar
— ¿Yo me enamoré? ¿Y tú qué? — Pregunté con incredulidad.
Él se comenzó a reír a carcajadas el sin vergüenza éste
¿Y su dolor donde está ahora? Ahora sí tengo un rostro confundido y incrédulo.
— Demonios, amo esta mujer. — Dijo con una sonrisa de oreja a
oreja
— Ahora está mejor. — ¿Estoy sonriendo? Sí, eso creo, y como
una idiota. Pero todavía tengo algunas preguntas corriendo por mi mente y ahora
lanzaré las dos primeras. — Y... emm.. ¿Cuál es tu nombre y,
enserio, de
donde me conoces?
Su rostro dolido volvió, oh rayos, no, no, no, no. No sufras
¿Que hice? ¡No estés triste! Por favor.
— Nattaleah, ¿no me recuerdas? —Preguntó con una sexy
profunda y dolida voz que podría hacer llorar a cualquiera.
— No, oh, sí sí, claro. ¿No fuiste tú el que me
desconcentró de una profunda lectura hace unos minutos? — Dije, tratando de
hacer una mala broma para que su rostro no se vea tan triste. No soy tan
importante ¿O sí?
— ¿Profunda lectura? —Dijo con una sonrisa socarrona, oh sí,
su dolor disminuyo. — ¿Así es como se le dice ahora a tomar una siesta al aire
libre?. — Se burló.
— Eh, bueno, seeh. — Dije rápidamente y con una sonrisa
reclamando mis labios, tratando de quedarme en el área de las bromas. Realmente
me gustaría saber de dónde me conoce... Y no entristecerlo en el intento.
Y volvió el dolor, ahora en una nueva edición de sonrisa triste ¿Qué
le pasa a este tipo? De repente estaba sobre mí, sostuvo mi mentón, me miró con
esos ojos naranja verdosos y me dio un delicado beso en los labios, que sólo lo
noté por tres razones: porque tenía abierto los ojos de par en par por la
sorpresa; porque fue inesperadamente dulce, perfecto y familiar y por que con
ese simple beso me llevó a las nubes y me permitió tocar las estrellas. No entiendo
todavía por qué me besó pero me dejó completamente queriendo más y reprendiéndome
mentalmente por eso. Es decir... me encanta, pero no lo conozco. Estoy
confundida, y juro que se me nota. — Te extrañe Nattaleah,
pensé que lograría superarlo con el tiempo, pero con el tiempo sólo me di
cuenta que estar contigo es la única solución a mi dolor. — Dijo. Y agrego con
el ceño fruncido que no le arruino su inmaculado y hermosos rostro y esos ojos
que sólo desprendían tristeza y de alguna manera ¿Amor? — Ya veo que no me
recuerdas, — Me miró por un momento y continuó con un tono cansado y triste. — Sí,
creo que no. — Pero con una voz solemne agrego. — Pero si es necesario darte a
detalle cada uno de los segundos pasados contigo, lo hare Nattaleah, porque todavía
te amo, aun te amo y siempre lo haré.
En resumen, un chico hermoso y tierno que afirma conocerme y
que sabe mi nombre pero que yo no lo he visto nunca y que afirma también que me
ama y que sostuvimos una relación o un tipo de amor de verano que yo no
recuerdo ha vuelto para conquistarme otra vez y con la creencia que después que
lo haga, ¿podremos ser felices para siempre? No lo creo. Pero realmente
quisiera que sea verdad... o aunque sea creerlo.
— Mi nombre es...
***
— Despiértate por amor a Dios ¡Despierta Nati!
Abro los ojos despacio para notar a Candace sobre mí agitando
la cama ¿Qué? ¿Todo fue un sueño? ¿Y SU NOMBRE? y abro los ojos con alarma al
ver la mano de Candy descender a mi rostro y abofetearme. Demonios, nadie abofetea
tan duro sólo para despertar a alguien, y esta chiquilla si puede golpear, me
imagino que al ser gemelas golpeo igual. Ah, que dulce, los balbuceos mentales
que me doy al despertar.
— ¿Qué pasa? — Murmuro soñolienta, y me pregunto cómo después
de ese golpe todavía no he espabilado.
— Creo que estabas disfrutando de un sueño. —Dijo con
alarma fingida, y juro que vi su labio inferior temblar con diversión.
— ¿QUÉ? — Grito con horror. Sip, ya espabile. — Demonios
Candace, eres
cruel, muy, muy
cruel. — Digo enfatizando y
alargando la última palabra.
Es decir ¡Mi hermana gemela me despierta del sueño de
mi vida!... Juro que a esta mujer le rebosa la maldad. He estado soñando con
este chico por años e incluso negándome a tener novio si no es él y nunca llega
a darme su nombre, y ahora que casi me lo dice esta niña infernal me despierta.
Lo que nunca entiendo es porque en el sueño nunca lo reconozco pero él sí a mí.
— Sip, lo estabas disfrutando. — Dijo con una sonrisa
maliciosa. Se sentó a mi lado contra la pared, cruzo sus piernas por debajo de
ella y cruzando sus brazos al mismo tiempo y exclamo con felicidad. — Ahora cuéntamelo.
— NO. — Grite con incredulidad, ¿se atreve a pedirme que
le cuente un sueño que ella misma rompió? Sería divertido, para ver su cara de
"¿Qué? ¿Yo te desperté?" cuando termine, pero sé que eso sólo haría
que me ella me obligue a crear el final para ella. Y eso incluye el nombre de
mi alma gemela de en sueños... y no lo haré.
— Dame una razón por la que no. — Dijo, y me miro desafiante y
con una de sus muy depiladas cejas alzadas
— Porque me despertaste. — Dije secamente
— Um, sí, eso es justo... vuelve a dormir y termínalo y
después me lo cuentas.
Una sonrisa intento reclamar mis labios pero no lo permití
manteniendo mi rostro molesto. Mi hermana siempre quería encontrar la manera de
resolver todo de la manera mas fácil y la que le convenía... que normalmente es
ilógica o insensata.
— Candy, vete a dormir a tu cuarto y permíteme dormir en el mío.
— Dije con dulzura fingida y estoy segura de que notó las ganas de abofetearla
que tenía en mi tono.
— Ah sí, son las... — Vaciló, pero mirando su reloj
de muñeca me doy cuenta que está completamente vestida y dijo. — 09:13, y mamá
dice que bajes a desayunar,
presentable, —Enfatizó esa última palabra
antes de continuar. — Mamá quiere que conozcas a alguien. — Dudó, pero después
me murmuro al oído con palpable excitación. — Es un chico y es condenadamente
sexy. — Se mordió el labio, pero después con aire de culpabilidad me agarró las
manos y murmuro rápidamente. — No le digas a nadie,
especialmente a mamá,
que te dije la última parte, es una sorpresa y ella no sabe que lo vi a hurtadillas.
— Y rápidamente se fue de mi habitación dejándome sola, confundida y aturdida.
Es normal que mamá me presente chicos, por su miedo a que
sea lesbiana y sólo lo oculte muy bien, es decir, soy femenina,
muy
femenina, sólo que no tengo citas, no hablo con chicos ni hablo de ellos
con nadie (a excepción de Candy), ni tengo ni he tenido novio, porque no
quiero. Pero lo que no es normal es que la quisquillosa de Candace Murrier'd
los considere siquiera lindos, y por los gustos tan parecidos que tenemos en
chicos... esto me parece extraño. Y la única regla que tenemos entre nosotras
es no mentirnos cuando hay un hombre de por medio.
Ágilmente corro al baño y azoto la puerta, por mi apuro de verme
presentable. Me quito el pijama de ositos de goma que mi hermana
considera
"Muy infantil para una chica de 18-casi-19-años",
abro la ducha y entro sin pensarlo, lo cual genera un grito muy fuerte,
femenino e inesperado de mi parte por no esperar que el agua aunque sea
estuviera a una temperatura que no me genere hipotermia. Rápidamente intento
cerrar el grifo con dedos temblorosos pero el agua se calienta y paro y de mis
labios sale un suspiro de alivio. Gracias a Dios por el agua caliente. Me ducho
en un santiamén y de repente ya estoy peinada, cepillada, bañada y vestida para
cuando Candy entra al cuarto.
— Date prisa que mamá ya comenzó con las historias de la
infancia y casi va a buscar el álbum de fotos, y no quiero que este huya... porque
a excepción de los demás, este es endemoniadamente hermoso, muy inteligente y súper
gracioso. — Dijo Candy con tono casi suplicante y alarmado.
— ¿Cómo lo sabes? — Pregunté entrecerrando los ojos.
— Porque los he estado espiando con la cámara de
seguridad desde que llegó. — Explicó como si le estuviera hablando a un niño
pequeño y estúpido.
— Candy, no puede ser tan bueno.
— Oh sí, sí lo es. — Exclamo Candace con regocijo. —Y por
favor, deséchalo para yo poder tomarlo. Juro que con este no me importaría que
haya sido desechado por ti.
¿Quién eres y a donde te llevaste a mi Candy?
— Ya bajo, pero por favor no entres hasta que no lo conozca
completamente y estemos hablando y riendo. — La reprendo. Tiene la manía de
confundir a los chicos con que ella es yo y yo soy ella.
— Ah, no me digas que no te parece divertido. — Me dice
con una sonrisa incrédula.
— Sí, sí lo hace, —Le digo con una sonrisa maliciosa, pero
después agrego seria. — pero con este no.
Salgo y cierro la puerta detrás de mí para silenciar los
ruegos de Candace y me dirijo abajo un poco nerviosa por el chico traído por
mamá por primera vez.
"Ok, relájate Nattaleah, este es sólo uno más y Candace
sólo está exagerando" pienso para mí misma. "Oh, a quien engaño,
Candy nunca exagera sobre chicos".
Llego abajo y me dirijo a la cocina de donde se escuchan los
murmullos de voces y las risas.
Llego a la cocina y dando un paso atrás bruscamente choco con
la pared. Con los ojos bien abiertos y la cara de sorpresa incrédula me quedo automáticamente
congelada, no sólo porque el chico es endemoniadamente hermoso y ardiente, ni porque
me está mirando de la misma manera estúpida de la que yo lo estoy mirando a él,
con la sorpresa y la confusión pero también el reconocimiento atravesando su
rostro, sino porque es el mismo condenado hombre que ha estado asaltando mis
sueños desde los doce, claro que él iba creciendo igual que yo, pero, wow, sí
existe.
Me recupere del shock para ver a mi mamá sonriendo de oreja a
oreja.
— Veo que ya se conocen. — Dijo con una felicidad que ha
fracasado muy malamente en ocultar.
Yo murmuro un "no" mientras el murmura un
"sí" que me deja confundida.
— Bueno, en realidad no. — Admitió con palpable consternación,
al parecer, mamá no llego a mostrarle las fotos ni Candace se apareció.
— Ah, pues los dejo para que lo hagan. — Dijo rápidamente
mamá y usó su estrategia de madre de cuatro hijos para desaparecer/aparecer que
siempre me deja confundida, pero esta vez no, esta vez la confusión viene de
otro lado.
— ¿Tú... — Inició él pero paró bruscamente cuando yo interrumpí
automáticamente.
— ¿He estado en tus sueños? — Pregunte todavía sorprendida.
— Sí. — Dijo completamente sorprendido, y éste de repente se convirtió
en el momento más importante, feliz e incómodo de mi vida. Demonios, conocí al
hombre de mis sueños, literalmente. Espero que sea igualmente de cursi,
divertido, inteligente y fiel que en los sueños. Y mi línea de pensamiento se
interrumpió cuando él habló.
— Mi nombre es...
FIN
Ángela Nikole Leonardo